domingo, 10 de julio de 2016

Retorno.

Deixar o lugar que nos viu nacer sempre é difícil, pero máis difícil é voltar a el...

E alí estaba ela, de pé ante os negros barrotes daquela impoñente finca. Despois de cinco anos aínda non sabía se estaba preparada para combatir aquelo que noutro tempo a fixera saír dese lugar. Tería valor para enfrontarse á súa familia, a súa esencia e ao que realmente era? Tiña claro que fuxir non era a solución: os demos que levaba consigo dende nena perseguíana alá onde fose, polo que Eila debía atallar o problema dende a raíz. Non traía equipaxe, só as múltiples vivenzas que neste tempo lle ensinaran a ver o mundo con outros ollos. Todas as persoas, todos os consellos, todos os perigros e tamén todas as lembranzas felices que lle daban a forza necesaria para estar onde estaba agora. Aprendera a aceptarse a si mesma, e a usar o seu don para facer o ben, cousa que, por desgraza, moitos membros da súa temida familia non compartían. 

Eila suspirou, agarrou ao seu cabalo das riendas e atouno a uns pasos más alá da verxa, onde comezaba o muro de pedra. Despois, collendo todo o aire que puido no seu peito, pousou as súas mans sobre os pesados barrotes de ferro que conformaban aquela porta. O contacto co frío material lembroulle o que lle esperaba nas próximas horas, e repetiuse a ela mesma que estaba preparada. Contou ata tres e empurrou con forza. A vella porta abriuse en medio de agudos ruídos, cortando o silencio do luscofusco. A rapaza sabía que ainda quedaba outra barreira que pasar, polo que decidiu non demorarse moito e comezar a subir o carreiro que conducía á impoñente mansión, situada na cima da colina. Uns metros máis alá, comezando xa a pendente do camiño, Eila observou que o aire que quedaba entre ela e a ladeira volvíase máis turbio, difuminando a paisaxe que tiña diante dos ollos. Instintivamente, sacou o colgante que levaba ao pescozo: dous dragóns engarzados rodeando unha cruz invertida. A rapaza colocou o colgante na palma da súa man e estendeu o brazo cara adiante. Pechou os ollos, e despois duns segundos, comezou a notar cómo o colgante se quentaba pouco a pouco. Queimáballe a man, pero ela apretou os dentes e concentrou toda a súa enerxía na barreira. A corrente de poder do muro invisible expandíase polo seu corpo, o que fixo que Eila berrara de dor. Xa case cas lágrimas nos ollos, un fogonazo de luz branca acompañada dunha ráfaga de vento deixouna inconsciente.

Cando espertou, ca respiración entrecortada e aínda co colgante na man, estaba ao pé da mansión, e xa non había volta atrás...

martes, 1 de septiembre de 2015

PEONES DETRÁS DE UNA VITRINA, II - #ProyectoParaDos

Para leer la primera parte de "Peones detrás de una vitrina" debes ir al blog de mi querida compañera Linda Ravstar. Este relato participa en Proyecto Para Dos de Reivindicando a Blogger.

*Hambre, señal, intención, entierro, desafortunado*




Diana esbozó una sonrisa de puro placer maquiavélico cuando escuchó el sonido de la cerradura al abrirse. Mientras le daba una gran calada a su cigarrillo de tabaco rubio, giró la lujosa silla de escritorio en la que esperaba para poder ver la cara de Javier en cuanto cruzase el umbral de la puerta.
―Has tardado menos de lo que me esperaba ―dijo, con esa sonrisa clavada en los labios.― ¿Has vomitado?
―No, no lo he hecho―, murmuró el chico mientras se quitaba el abrigo y la bufanda, dejando ver el rostro a su mentora.― Debo reconocer que me ha resultado demasiado…satisfactorio.
Javier alzó la mirada y le entregó la pequeña caja de madera a Diana. Mientras la mujer observaba su contenido, el muchacho se fijó en las expresiones de su admirada maestra: esos ojos verdes, muchas veces serios, ahora brillaban con expectación; sus labios dibujaban una mueca de deseo contenido, mientras sus manos se abalanzaban prácticamente hacia el contenido de la caja. Javier comprendió que ella disfrutaba más que él con todo aquello, a pesar de ser él el protagonista de aquella noche. Diana lo miró con orgullo, se levantó y le plantificó un sonoro beso en la mejilla. El muchacho supo así que había completado el primer módulo con éxito.
―Ve a lavarte, no debes llegar tarde a casa.  Hoy ha sido una noche larga y debes descansar. Ya sabes qué hacer con la otra ropa, y yo colocaré mientras tanto esta preciosidad en la sala.
Javier asintió con la cabeza y se retiró de la sala. Cruzó el pasillo del enorme apartamento de Diana y se dirigió a una pequeña estancia, detrás de la cocina, en la que estaba la caldera. Al lado de la misma, un pequeño horno de fuego llameaba en la oscuridad. El chico abrió la puertecilla por la que se alimentaban las llamas y tiró allí toda su ropa manchada. Sonrió al ver cómo el fuego consumía las prendas con rapidez, y se quedó allí, sintiendo orgullo de sí mismo, hasta que no quedó más que ceniza. <<Bien hecho, Javi, bien hecho>>, se repetía una y otra vez, como si intentara convencerse de que sus actos habían sido realizados para justificar una nueva manera de hacer arte, y no por la mera sed de sangre de la parte más oscura de su alma.
Mientras tanto, Diana abría una botella del mejor vino tinto de su reserva. Cogió una elaborada copa de la cómoda del salón, y vertió con suma elegancia el vino en ella. Dando sorbos a su bebida preferida, recorrió el pasillo de la casa en dirección contraria a la que lo había hecho Javier unos minutos antes. Apoyó brevemente la copa de vino y la cajita  en una pequeña balda que había a modo de adorno en la pared del pasillo, para poder coger la llave que llevaba colgada del cuello y que abría la última puerta de la casa. Canturreando una melodía por lo bajo, la mujer recorrió las estanterías de la gran sala, de estilo rústico, hasta que llegó a una que estaba casi vacía. Con una sonrisa más marcada aún que antes en su rostro, dejó la caja de madera allí, y se bebió su copa de vino pensando en los siguientes pasos que daría próximamente junto a su pupilo.

A la mañana siguiente, a Javier lo despertó el sonido del timbre de su casa. Sobresaltado, se levantó de la cama, y medio adormilado miró el reloj de la habitación. <<Dios, la una de la tarde, ¿cómo he podido dormir tanto?>>. Con la pereza del recién levantado fue lentamente hacia la puerta del pequeño piso en el que vivía con sus padres. No se sorprendió en absoluto cuando vio a su amiga Nayara en el rellano. Con un gesto que oscilaba entre el enfado y la alegría por ver a Javier, sus ojos azules se clavaban en él de manera inquisitiva, y el muchacho ya sabía lo que iba a decir antes de que pronunciase palabra alguna.
― ¿Por qué no has ido a clase, idiota?― preguntó la joven enfurruñada.―Los descansos  del café son más aburridos si no te tengo a ti para darte el coñazo.
Javier no puedo evitar soltar una carcajada ante la incapacidad de su amiga para enfadarse con él. La entendía bien, ya que él tampoco era capaz de enfadarse con ella más de diez minutos seguidos. Tantos años juntos, aguantándose el uno al otro, habían forjado una amistad prácticamente indisoluble. Y sin embargo, aún había secretos que guardar. << ¿Entendería ella lo que hago?>>, pensó casi sin darse cuenta el muchacho, recordando que Diana le había prohibido expresamente involucrar a su amiga en el asunto.
―Me he quedado dormido, Nay, discúlpame por no avisar. Te compensaré con un café en mi cocina.―Antes de que hubiese terminado la frase, la joven ya se estaba sacando el abrigo y acomodándose en el sillón. Nayara era así, rápida, energética, <<como un huracán>> pensaba muchas veces Javier. Ella era su mejor amiga, su hermana, el apoyo de su vida. Sólo de pensar que podía perderla por llegar a ser él mismo, se le ponían los pelos de punta de verdadero terror.
―No me mientas, Javi. Sé perfectamente que anoche hiciste algo. No sé el qué exactamente, pero sí sé con quién― dijo Nayara con una sonrisa traviesa.―Has estado con la chica pelirroja, ¿verdad?―A Javi se le hizo un nudo en la garganta, sin saber muy bien qué contestar.―Venga, hombre, cuéntame ya qué has hecho con Diana, tengo ganas de marujear.
― ¿Y tú cómo sabes que se llama Diana? No habrás estado cotilleando el móvil, que nos conocemos, ―respondió Javi, sin darse cuenta de que una mirada sombría pasaba momentáneamente por el rostro de su amiga.
― ¿Eh? ¡Pues claro que te lo he mirado en el móvil, idiota! Pero venga, vamos a dejarnos de tonterías y prepárate para unas magistrales clases de Historia Antigua, que no voy a permitir que te retrases en las clases, ―contestó Nayara rápidamente, cambiando de tema de conversación a lo brusco. Javier no le dio más importancia al asunto, y se centró en las explicaciones de su amiga, él tampoco quería correr el riesgo de suspender y perder la beca que le habían concedido en la Universidad.
Después de unas horas de estudio intenso y una comida entre risas y cotilleos, Javier acudió a casa de Diana, como casi todas las tardes. Esta vez la mujer le había pedido que fuese un poco antes que de costumbre, y que acudiese con ropa oscura y elegante. Mientras el muchacho avanzaba por las sinuosas calles de su barrio, bajo un manto de oscuras nubes, se preguntaba cuál sería la lección de hoy, y se retorcía de impaciencia por saber si le daría luz verde para empezar a coleccionar con ella. Media hora más tarde, el muchacho cruzaba la última calle antes de llegar al portal de Diana. Al contrario que otras veces, ella ya estaba en la calle, vestida con un largo y elegante abrigo negro, que sólo dejaba ver unos finos tacones de aguja.
―Esta tarde tenemos un compromiso, querido mío, ―le dijo nada más verle.―Puede que la lección de hoy sea la más valiosa y…divertida.―Javier notaba cómo ella se retorcía de puro placer por dentro al pronunciar esas palabras. No sabía a dónde lo iba a llevar, pero seguro que le gustaba. Diana nunca decepcionaba, nunca, y estuvo totalmente seguro cuando vio aparecer una gran limusina negra al doblar la esquina. Su mentora le guiñó un ojo, con la intención de provocar en su pupilo la curiosidad que a ella tanto le gustaba. Aquel guiño y esa media sonrisa que siempre lo dejaba colgando al borde de su propio abismo fue todo lo que necesitó el joven para subirse al automóvil sin pensárselo dos veces.
Apenas había pasado media hora cuando llegaron a su destino. Javier, que había estado sumido en sus pensamientos todo el trayecto, no se había dado cuenta de a dónde lo llevaba su admirada maestra. Lo primero que vio al bajar del coche fue el coche fúnebre: un monovolumen negro con la parte trasera alargada estaba aparcado delante de una elaborada verja de hierro forjado. <<Estamos en el cementerio. Esto se pone interesante>>.
― ¿Sorprendido?―le preguntó Diana pasándose la lengua por sus carnosos labios.
―La verdad es que no me lo esperaba, ―contestó el aprendiz con prudencia, ―pero no ha sido el lugar más raro al que me has llevado.
―Eso es verdad, ―dijo la mujer con una sonrisa picarona mientras evaluaba con detalle las reacciones del chico.
Sin más dilaciones, ambos cruzaron la verja del imponente cementerio. Recorrieron durante unos minutos la senda que atravesaba el camposanto de lado y lado, pasando por las tumbas más lujosas y más bellas. Javier supo que habían llegado a su destino cuando sus ojos se posaron en un grupo bastante numeroso de gente vestida de negro, que observaba con la cabeza baja y el semblante serio cómo un lujoso ataúd de madera descendía lentamente a las profundidades de la tierra.
―Ahora es cuando me explicas qué hacemos aquí, en un entierro.
―Silencio, querido mío. Tu tarea de hoy va a ser observar y deleitarte, ―le explicó Diana. ―Quiero que te fijes en sus rostros, en sus ojos, en sus gestos. Quiero que saborees la amargura de sus lágrimas y el dolor de sus corazones. Esto es el culmen de todo nuestro trabajo, de nuestro fuego, de nuestro esfuerzo. Esto es arte, Javier, la consecuencia más placentera y más duradera de nuestra obra.
Mientras hablaba, al muchacho se le abrían cada vez más los ojos, y sentía  ese furor recorriéndole  todo el cuerpo. Su ansia, su curiosidad y sus ganas de llegar a ser su “yo” pleno se veían alimentadas por el énfasis y la pasión que Diana ponía en sus palabras,  con esos ojos verdes brillando de entusiasmo. Su maestra se quedó entonces en silencio, observando la escena, mientras jugaba con los mechones delanteros de su melena pelirroja. Javier hizo lo propio, y se dio cuenta de que había ciertos rostros entre la multitud que le resultaban familiares. <<Ha dado el paso. El éxito está por llegar>>, pensó el muchacho al darse cuenta de que una de las mujeres de la fila más cercana a la tumba era la alcaldesa de la ciudad. La expresión de su rostro fue tan obvia que Diana le dirigió una mirada de triunfo y regocijo.
―Tenía unas manos preciosas. Y como ya puedes observar, hay que estar dispuesto a hacerlo todo por el arte, ―la mujer hizo una pausa y lo miró fijamente, como si quisiera entrar en su mente. ―Y dime, ¿tú estás dispuesto a todo, Javier?― Él no se atrevió a contestar. Lo único que pudo hacer fue tragar saliva y asentir levemente con la cabeza, con un gesto débil pero sincero, esperando que a su mentora le bastase con eso de momento.

Horas después, el muchacho llegó a su casa, agotado y ansioso a la vez. Esta noche estaba solo, ya que sus padres habían ido a la casa del pueblo a hacerles una visita a unos familiares, y estarían fuera hasta la noche siguiente. Javier se quitó el abrigo y se tumbó en el sofá para relajarse un poco viendo cualquier tontería en la televisión. No dejaba de darle vueltas a lo que había visto esta tarde, y sobre todo a aquella pregunta que le había lanzado su maestra a modo de reto, y que estaba pesando más en él que toda la tierra que echaron los enterradores sobre el ataúd de la sobrina de la alcaldesa. El sonido de unos pasos sobre la madera desgastada del apartamento lo sacó de sus pensamientos. Instintivamente, sus músculos se pusieron en tensión, y mano derecha se aferró al cuchillo que llevaba escondido en la pernera del pantalón. Observó todos los rincones de la sala, escudriñando la oscuridad del pasillo, preparado para saltar en cualquier momento.
―Hola, Javier- y sus músculos se relajaron al instante al ver a Nayara apoyada con desparpajo en la puerta del salón. ―Espero no haberte asustado, ―dijo con una mirada juguetona. Llevaba puesto uno de sus muchos vestidos negros, ese que le quedaba tan bien y que al muchacho le gustaba tanto. La muchacha se acercó lentamente hacia el sofá, con su sonrisa enérgica habitual en el rostro.
―Por Dios santo, Nay, casi me matas del susto, ―ambos se rieron tontamente ante la situación. Sin embargo Javier sentía que algo no iba bien, lo notaba en la tensión del ambiente. << ¿Cómo ha entrado en casa?>> <<Quizás le haya pasado algo>>. Antes de que pudiese preguntarle nada a su amiga, la muchacha morena avanzó rápidamente hacia él y lo abrazó de una manera un tanto brusca, temblando. Javier no sabía muy bien cómo reaccionar, ya que las muestras efusivas de cariño no eran algo propio de ella.
―Javier, yo… Tengo que confesarte algo y ya no aguanto más, ―dijo Nayara clavando sus ojos azules en los de su amigo. ―Somos amigos desde hace mucho y eres un persona importantísima para mí, ―le decía mientras lo empujaba suavemente hasta el sofá, de manera que Javier no tuvo más remedio que sentarse. ―Pero creo que ambos sabemos que aquí hay algo más…
El muchacho no sabía qué hacer. Estaba totalmente embelesado por esos dos ojos azules, y simplemente se dejó llevar. Su amiga se sentó encima de sus rodillas, y acercó lentamente sus labios a los del muchacho. Las respiraciones de ambos se agitaron levemente ante la expectación de algo nuevo en su relación. Justo cuando sus labios estaban a punto de tocarse, Nayara levantó los ojos y los clavó en los de él. Javier se dio cuenta entonces que había caído en la trampa, y que ya era demasiado tarde como para salir de ella.
―Perdóname. ―Y acto seguido Nayara besó con pasión sus labios, mientras la sangre de la primera cuchillada salpicaba la ropa de ambos. El rostro del muchacho se contorsionó en una mueca de sorpresa y dolor, mientras escuchaba cómo su amiga gemía de puro placer con la segunda embestida. Y luego otra, y después otra más, y lo único que Javier percibía era la facilidad con la que el cuchillo entraba y salía una y otra vez de su cuerpo.
Al final, invadido por el sentimiento de traición, lo único que pudo ver era la sonrisa de Nayara, rodeada de sangre, jadeante y todavía con el cuchillo en la mano. Antes de cerrar los ojos, la silueta de su maestra se desdibujó a través de la puerta del salón, y entonces todo cobró sentido para él. Comprendió que él y su amiga habían sido rivales todo este tiempo sin saberlo, ocultándose su verdadero ser el uno al otro, como dos idiotas. Comprendió que la que había estado dispuesta a todo había sido Nayara y no él. Comprendió entonces que ambos sólo habían sido peones detrás de una vitrina, a la espera de que la reina decidiese sus destinos en aquel peligroso juego.
Y a Javier le había tocado perder. 



sábado, 11 de abril de 2015

Consecutio temporum.

Os minutos non pasaban...

As horas arrastrábanse lentas e con preguiza, envolvéndose na lonxitude do tempo. O reloxo do meu cuarto, sumido nas tebras, ficaba quedo. As súas mans quedaran cruzadas naquel intre cheo de ledicia do que eu non quería saír.

Deleitábame unha e outra vez na túa lembranza: os teus ollos, os teus beizos, os teus aloumiños cheos de soidade, unha soidade que pretendía estar acompañada.

Pero todo o bo esfúmase; todo o que eu quería non tiña dereito a ser: porque eu son pecado, porque son o tempo mesmo, porque os propios Deuses non poden permitir que o que foi creado para facer o Mal sexa capaz de guiar a súa alma no Ben. 

Coelum non animum mutant qui trans mare currunt. 

domingo, 25 de enero de 2015

Alter Ego



Todos tenemos un lado oscuro, de eso no hay duda. No obstante, en algunas personas es más fuerte que en otras, aunque el problema empieza cuando ese lado oscuro te atrae como lo hace la miel al oso, deseando que tus peores pesadillas se hagan realidad...

Me encontraba dentro de las ruinas quemadas de lo que parecía haber sido un gran palacio, ahora reducido a cenizas. La nieve y el hielo lo cubrían todo: las piedras partidas, la madera chamuscada y todavía humeante, el camino iluminado por la luna, los altos árboles y el puente que se divisaba un poco más allá. No sabía cómo había ido a parar ahí, pero tampoco era algo que en ese momento me preocupase demasiado. Notaba cómo el miedo recorría todo mi cuerpo, pues empezaba a sentir su presencia, pero esta vez de una forma incluso familiar.

Avancé un poco entre las ruinas, con cautela pero a paso firme. En pocos minutos llegué a lo que antes podría haber sido un gran salón de baile, con un patio central abierto al exterior. En el centro de ese espacio había un pequeño lago artificial, con la forma de un perfecto pentágono. Muchos de los mármoles negros y rojos que componían la estructura de los bordes del estanque estaban partidos o gastados Otros tenían manchas oscuras, quizás sangre seca, lo que le daba a todo el espacio un siniestro aspecto de decadencia tétrica y belleza cruel a la vez. 

Me perdí en mis pensamientos caminando por el salón, tocando las paredes con mis manos, heladas por el frío. A cada cierta distancia un espejo de bordes dorados colgaba de la piedra. La mayoría de ellos estaban rotos y resquebrajados. Por un momento me olvidé del miedo, y me centré en admirar los restos de aquella bella construcción. Posé mi mirada en los elaborados capiteles de las columnas que en otro tiempo sostenían la techumbre y los pórticos del salón. Mientras examinaba los grabados de algunos mármoles, empecé a escuchar un extraño sonido. Al principio no sabía qué era, pero al poner atención me percaté de que era música: violines, contrabajos, violas también, violonchelos, un clave... ¡Era una orquesta!

Cada vez sonaba más fuerte, pero no estaba segura de si era en mi cabeza o quizás provenía de aquel lugar. La música era suave, bella y oscura a la vez, casi parecía que los violines lloraban, mientras el clave acompañaba su lamento con graves arpegios.  Notaba mi cuerpo cada vez más tenso a causa de los escalofríos que subían por mi espina dorsal. Un susurro comenzó a mezclarse con el sonido de la orquesta fantasmal, al principio imposible de entender, después más nítido y claro...

-Ven... ven conmigo.... ven conmigo.... ven...

-¿Quién habla?- pregunté con terror.

-Ven conmigo... Acércate... Déjame entrar.

-¿Quién eres? ¿dónde estás? Por favor, déjame.- Mii voz se quebró en un sollozo de puro terror, mientras la música desaparecía lentamente, quedando sólo aquel horrible susurro.

-Ven...Ven...

Impulsada por la desesperación, intenté salir de allí. Quise correr, pero mis piernas no me respondían. Lo único que podía hacer era intentar descubrir de dónde provenía la voz. Escuché con atención, y después de unos minutos comprendí que los susurros provenían del estanque en forma de pentágono. Encandilada por la voz, que ya no me parecía horrible, sino terriblemente atractiva, me acerqué lentamente. Los susurros ya no eran susurros, ahora eran súplicas, lamentos, pronunciados con fuerza y autoridad. 

Cuando llegué al pequeño lago, mis manos temblaban y mis ojos estaban inundados de lágrimas, pero no pude resistirme a mirar el agua. Me incliné un poco, y para mi tranquilidad sólo vi mi reflejo, mi imagen normal. Mis ojos eran verdes, mi cara reflejaba terror y nerviosismo, el vestido negro estaba en su sitio. Por desgracia, la voz no desaparecía, ni siquiera se atenuaba.

-Ven, acércate. Déjame ser tuya. Ven a mí.

Sin más, me senté en el suelo y sin pensarlo rocé con mis dedos la superficie del agua oscura sin fondo, sólo un toque. Las ondas llegaron a todas las esquinas del estanque, pero extrañamente, en lugar de desaparecer, dieron la vuelta y se concentraron en el centro. Algo se movía allí abajo, y yo sabía perfectamente lo que era. Quise levantarme y no pude, intenté escapar pero sabía que no era capaz, entendí que en el fondo quería verla. De repente, una blanca mano me agarró con fuerza y me tiró al agua. Nadé y pataleé, pero era demasiado fuerte. En unos pocos segundos, había dejado la superficie, ella me llevaba a las profundidades de la oscuridad. Abrí los ojos y miré hacía el lado en el que sentía la firmeza de su mano...

Lo primero que vi fue su rostro. Sus ojos rojos, llenos de maldad se clavaron en mí, mientras su cara se torcía en una cruel sonrisa. Su mirada me atrapó, y un torbellino de emociones empezó a llenarme, a la vez que imágenes de horribles recuerdos se paseaban con rapidez por mi mente.

-Me necesitas. No dejes que ellos te hagan daño. Ven a mí, déjame ser tuya, y acabaremos con todos. Ven a mí, déjame ser tuya, y jamás volverás a derramar una lágrima.

Allí, rodeada de oscuridad, invadida por su presencia y su poder, hipnotizada por aquellos ojos y llena de rabia por todo, no pude resistirme. Me dejé llevar y acepté el miedo, la tristeza, la maldad y sobre todo, el poder. Sentí como las tinieblas invadían mi alma, llenándome de una fuerza fría y cruel, sin límites. Embriagada de estas nuevas sensaciones, confié en aquella otra yo, tan malvada y horrible, y permití que sus labios rozaran los míos... Lo único que iba a hacer a partir de ese momento era disfrutar de la oscuridad, para siempre.



A mi colega Jorge con cariño, que él se entiende, y yo también.  






miércoles, 12 de noviembre de 2014

Reflejos.

Abrí los ojos y miré a mi alrededor. Me encontraba en un oscuro y frondoso bosque, cubierto casi en totalidad por una espesa niebla. Di un par de pasos, y noté que mis pies se hundían ligeramente en la tierra húmeda, mientras los sonidos de la noche envolvían todo mi ser.

Apenas tres pasos más, y casi me doy de bruces con la puerta de una casa. Miré con atención la estructura: era mi casa. La puerta se abrió sin ruido alguno y entré, como hacía casi siempre,con una sonrisa en mi rostro, invadida por el sentimiento de familiaridad. En el salón estaban mis padres y mis amigos de toda la vida, esperando por mí. "Mi fiesta de cumpleaños", pensé de inmediato. 

Bailes, risas y conversaciones divertidas, pero de repente, los colores de la escena se apagaron. Gritos y acusaciones hacia mi persona inundaban el ambiente. Me quedé sola en lo que ahora parecía un salón vacío y oscuro, con un espejo de pie en el medio cubierto por una tela roja. Fui hacia él con vacilación, y mientras lo destapaba, un escalofrío subió desde la parte baja de mi espalda, haciéndome estremecer. 

Me miro, pero la imagen que me devuelve el espejo no soy yo. El terror se aferra a mi alma y mi cuerpo tiembla. Sus ojos, rojos como el fuego, reflejan la maldad más absoluta que una pueda imaginar. Su rostro se contraía en una horrible sonrisa de perversión, y sus labios dejaban entrever afilados dientes. Su pelo negro y rizo estaba alborotado, y su blanco vestido manchado de sangre.

"No puedes escapar de mí"

Cerré los ojos para no ver a aquella yo tan sumamente malvada y horrible. Yo no era ella, no quería ser ella.

Cuando los abrí de nuevo, estaba otra vez en el salón de mi casa. Todo estaba cubierto de sangre, y los cuerpos de mis seres más queridos estaban retorcidos en crueles posiciones por toda la estancia. Mis manos estaban manchadas de sangre, al igual que mi vestido, antes pulcro.

"No puedes escapar de mí. No puedes retenerme."

lunes, 3 de noviembre de 2014

Pétalos dunha negra rosa, para Em.

Qué dicirche que xa non saibas?

Espero poder seguir contándoche mil cousas. Quero continuar rindo e chorando
ao teu lado, porque contigo as pedras do camiño vólvense nubes claras.

Benvida á segunda década da vida, querida miña. Grazas polos momentos vividos, pero sobre todo, grazas por todos eses instantes que todavía nos quedan por compartir. Síntome afortunada de terte na miña vida.

Quérote a mil, Emily Broken Rose. Parabéns e que sexan moitos máis!



jueves, 9 de octubre de 2014

Carmen Amoris.

Os teus ollos, ledicia da miña mente.
Os teus beizos, alegría do meu cantar.
As túas verbas, doce son da miña melodía.
Ti, e só ti, formas parte da sinfonía da miña vida.

Os teus brazos son a cura para os meus medos.
Os teu cabelos, o reflexo destes intervalos.
As túas mans, refuxio dos meus bicos.
Ti, a miña firme voz.



lunes, 29 de septiembre de 2014

La Isla de Gaia- Relato de Neminis Terra

*Prólogo:

Había una vez un planeta perdido en los confines del Universo, apenas un punto azul turquesa en la infinidad oscura del Cosmos. Dicho planeta no tenía nombre, pues nadie, ni siquiera los inmortales dioses, se lo había puesto nunca. En medio de sus aguas se alzaba imponente el país de Damosia, y no sería descabellado afirmar que sus habitantes eran únicos en todo el Universo…

En el centro oriental de este pequeño planeta se alzaban los únicos pedazos de tierra firme de toda la esfera, que formaban un conjunto de islas. El archipiélago estaba formado por una isla central de amplio tamaño, llamada Damosia. En su extremo Sur se situaba un círculo de siete islas, al que llamaban Las Hijas del Cielo, y que tenían en el centro de su círculo un pequeño pedazo de tierra en forma de estrella de cinco puntas, de nombre Raghia. Por último, tres islas se situaban pegadas a la costa Norte de Damosia, a las que se le puso el nombre de Tríada.

En el mismo centro de Damosia, y ocupando un gran espacio, había un enorme lago. Éste era llamado el Lago de la Vida, denominado así porque, según el Antiguo Conocimiento, se había formado cuando Gaia, la Gran Madre, había lanzado una roca del Cielo impregnada con su semilla para que surgiera la vida en esa tierra. La roca había formado un cráter en el centro de aquella isla y convertido el agua salada en agua dulce. Al entrar en contacto con el agua, aquella semilla comenzó a crecer y a tomar forma, adquiriendo poco a poco la figura de una hermosa mujer, que ascendió a la superficie y pisó la Tierra, su misma madre Gaia. La propia Tierra le infundió vida, sentimientos, sabiduría e inteligencia, y le marcó la frente con una mancha en forma de estrella. La Primera Señora sangró, y de las gotas de su sangre, llena de vida, surgieron sus Hijas al contacto con la Tierra. Después, la Primera Señora se acercó al agua, y de las gotas de su sangre al contacto con ella nacieron sus otros Hijos, los hombres.

Sus descendientes la llamaron Potnia, la Señora, la heredera de su diosa Gaia. Ella les enseñó a labrar la tierra y a cultivar el campo en cada estación, a fermentar el vino, a hacer pan y a cocinar la carne; a rezar a sus Dioses y en especial a su madre Gaia; a leer las señales divinas en las estrellas, en el vuelo de las aves y en las ondas del agua; creó una lengua común y una escritura, enseñándoles a leer y a escribir. Aprendieron de ella también el don de la Música, máxima expresión de su saber divino, fabricando instrumentos a gusto de los Siete Dioses. También ayudó a sus hijas e hijos a organizarse y así les dio leyes para que pudieran vivir en paz, escribiéndolas en la roca más alta de Raghia.

Una vez terminada su labor, Potnia fue llamada por Gaia para volver a su seno, pero los hombres y las mujeres le pidieron a la Gran Madre que dejase a Potnia en este mundo para cuidarlos y aconsejarlos. Gaia consintió así en que Potnia viviese con sus hijos en Damosia. Al término de su vida, especialmente larga por ser un espíritu divino, prometió a sus descendientes que su alma, y por tanto el de Gaia, estaría siempre con ellos, y que volvería a nacer en otro cuerpo en tiempos difíciles. Después de aquello, fue deseo de la Gran Madre que Potnia se transforma en un precioso roble, por lo que la Señora se sumergió en las profundidades de los bosques para acudir a la llamada de su diosa Gaia.

Así pues, las gentes de este mundo dejaron el trono de Damosia vacío, ya que no necesitaban  que nadie los gobernase. Ellos mismos decidieron que sólo la reencarnación de Potnia podría ocupar ese honor, puesto que solamente la conjunción de divinidad y de humanidad sabría llevar ese peso. De esta manera, había habido seis Señoras a lo largo de toda la historia de las islas, puesto que sólo nacían en momentos de dificultades; o tal vez no tendría por qué ser siempre así…


*Capítulo 1: La Reina de la Noche

Brianda caminaba bajo un cielo cubierto por un manto de brillantes estrellas. Sus pies se apoyaban en lo que parecía una nube oscura de extensión infinita. La luna, anormalmente cerca y extrañamente grande, brillaba intensamente a su espalda. De pronto, un estruendo casi ensordecedor le hizo girar la cabeza, y sus cabellos negros azabache se arremolinaron con violencia debido al fuerte viento. El brillo de la luna se intensificó, y varios jirones de niebla negra empezaron a moverse en frente de sus ojos, tomando poco a poco figura humana. En poco tiempo, Brianda reconoció la figura, y todo su cuerpo se agitó por una mezcla de felicidad y respeto: tenía antes sus ojos a una de los Siete Dioses, a la Reina de la Noche, a Maura.

La figura era mucho más grande que ella, tanto que su cabeza ocultaba casi totalmente la luna. La Diosa levantó la mano derecha con la palma abierta, en señal de saludo, y Brianda se acercó a ella, esperando su mensaje.

-Se acercan tiempos confusos, mi fiel servidora. Tú y los otros Sacerdotes debéis estar atentos, pues en breves la hija de nuestra madre Gaia volverá de nuevo a la Tierra de Damosia. Debes reunir a los demás para que estén prevenidos, e ir a visitar a la Suma Sabia. Que mis estrellas guíen tu camino, mi magnífica Sacerdotisa.

Brianda se levantó de un salto de su lecho, nerviosa y sudorosa. Casi inconscientemente se llevó la mano a la perturbación del centro de su pecho, en forma de triángulo invertido. La marca brillaba ligeramente, y le ardía por momentos. No podía perder más tiempo, debía convocar al Consejo de los Sacerdotes ya, porque no era normal que la Diosa le hablase en una noche que no era ni sagrada ni de peligro. Esto era importante, mucho, aunque no lo pareciese.

De inmediato se levantó de su lecho y se puso sus ropajes, atándose el corsé como buenamente pudo. Salió precipitadamente de su habitación en el Palacio de la Luna, cogió su yegua y se dirigió hacia el puente que conectaba la Isla de la Noche con la isla vecina, la de la Tierra, para despertar a la Sacerdotisa de Gaia y contarle lo ocurrido. En cuestión de minutos había travesado el puente y llegado al palacio de la sacerdotisa. Subió rápidamente las escaleras del torreón donde se encontraba su alcoba y aporreó la puerta sin ningún pudor.

-¡Maka! ¡Maka, soy Brianda, ábreme la puerta!- gritó nerviosa.

-¡Por todos los dioses del Universo, Brianda! ¿Qué escándalo es este? ¿Tanto revuelo por un simple sueño?- exclamó la Sacerdotisa de Gaia, estupefacta.

-Maka, la Diosa Maura me ha hablado. No ha sido un sueño ni una premonición, ni tampoco un augurio… Me ha hablado directamente, como si fuese el día Sagrado. Lo más raro de todo es que estaba extrañamente cerca de mí, casi podía tocar su cuerpo. Además, me ha hablado en la lengua común, y no en la Astral. Me ha dicho que la Señora está cerca, que hay que convocar a los Sacerdotes ya.

La cara de Maka, la sacerdotisa de la Tierra, la más anciana y sabia de los Sacerdotes, cambió por completo. Si Maura le había hablado tan claramente y de forma tan poco usual sería mejor convocar al Consejo y averiguar qué estaba pasando.

-Está bien, Brianda, cálmate. No es posible que la heredera de Potnia esté cerca, porque las Ancianas lo hubieran visto. No es lógico, no ha habido ninguna invasión, ni siquiera una traición. De todas formas, si Maura te ha dado este mensaje es que se nos está escapando algo. Convocaré el Consejo para mañana a la puesta del sol en la playa del Lago de la Vida, como siempre.

-Me parece correcto, pero debemos ser discretas. Los habitantes de Damosia no están habituados a ver al Consejo de Sacerdotes reunidos sin un motivo claro. Hasta que no estemos seguras de lo que pasa, el asunto no debe salir del Consejo.

-¿Por qué te crees que lo he convocado al anochecer? Sabes que a la caída del astro el acceso a la playa sólo está permitido en los días festivos o sagrados, así que nadie nos molestará. A primera hora de la mañana avisaré a los demás y prepararé todo lo necesario para la reunión. Tú vete a visitar a las Tríadas. Habla con las Hijas, las Madres y las Sabias, y pídele a la Suma Sabia que intente ver algo en las aguas.

-Está bien- suspiró Brianda tranquila.- Mil disculpas por todo, pero ya sabes que las que somos tocadas por el poder de Maura tenemos el sueño ligero y revuelto- dijo, finalizando la conversación con una sonrisa.

El camino de vuelta a casa fue totalmente diferente al de ida. Briana bajó las escaleras del torreón con más calma y sosiego. Al salir al exterior, respiró hondo el aire fresco que venía del mar. Mientras caminaba hacia el puente colgante llamó con un fuerte silbido a su yegua, montándose en sus lomos ágilmente. Subida encima del animal se quedó mirando el paisaje que se abría a sus ojos. La luna iluminaba suavemente las Hijas del Cielo, y sus rayos hacían brillar las claras piedras de los puentes colgantes que las unían. En el centro, la pequeña isla de Raghia se alzaba imponente, enmarcada a la vez por ese precioso cielo, por las islas y por la silueta de Damosia. Aquella era su casa, su tierra, su todo. Sólo de pensar que algo o alguien podía intentar destruirlo se le llenaban los ojos de lágrimas…

El sol acababa de aparecer por el horizonte cuando     Brianda salía de su palacio rumbo a la Tríada. Sin prisa pero sin pausa, recorrió las islas hasta el gran puente que conectaba con Damosia. Después de atravesar todo el extremo este de Damosia, apenas hora y media a caballo, llegó a la Tríada. En aquellas islas moraban una casta de mujeres que se encargaban de organizar la educación de los habitantes de Damosia y de guardar la sabiduría de toda su civilización. Esa estirpe había nacido de la gota de sangre de Potnia caída a la tierra más cerca del agua y de la gota de sangre caída al agua más cerca de la tierra, como si ese hombre y esa mujer hubiesen nacido para estar juntos. No obstante, sólo las mujeres vivían en la Tríada, durante toda su vida, dedicándose al saber y al estudio, lo que hacía que Brianda sintiese una admiración inmensurable hacia ellas.

Animada y nerviosa a la vez, cruzó las puertas del palacio de la primera isla, la isla de las Hijas. Ellas se ocupaban de estudiar el pasado y de administrar la biblioteca de Damosia. Brianda se había pasado en ella muchas horas de niña, estudiando historias sobre los dioses. Ensimismada en esos recuerdos, se sobresaltó cuando una muchacha de unos quince años la abrazó efusivamente.

-¡Brianda! Cuánto tiempo sin verte, hermana querida- dijo la joven Nala con una amplia sonrisa en sus carnosos labios.

-¡Nala! ¡Qué alta estás! Parece que han pasado años desde la última vez que te vi, cuando no han pasado ni tres meses.- contestó Brianda con alegría- He venido a pedir ayuda a las Hijas. ¿Puedes ayudarme tú o estás muy ocupada?

-Yo te ayudaré hermanita, no te preocupes. ¿Qué necesitas?

-Maura me ha hablado de una forma un tanto extraña. Necesito que averigües si en algún documento o registro hay constancia de que alguno de los Siete Dioses se comunicase con su sacerdote en la lengua común. Te pediría que lo hicieses con la máxima discreción posible, aún no nos hemos reunido en Consejo y nadie se puede enterar de esto…

-¡Claro, no te preocupes hermanita! Pero… ¿Acabas de decir en lengua común? Eso es muy extraño, y que yo sepa no hay ningún documento que trate el tema. De todas formas mi memoria no es perfecta, así que miraré en los registros más antiguos, a ver si encuentro algo.

Brianda se despidió de su hermana con un sonoro beso en los labios, y mientras Nala iba corriendo al archivo, ella se dirigió al puente que conectaba con la isla de las Madres. Al llegar, divisó a lo lejos a su propia madre, a la que poco le quedaba ya para trasladarse a la isla de las Ancianas. Entre besos y sonrisas, le contó todo lo que había sucedido, y le pidió que ejecutase un ritual de geomancia, para ver si algo iba en este momento. Ambas entraron juntas en el edificio de mármol, para dirigirse a una de las salas del piso subterráneo. La madre de Brianda cogió un cuenco lleno de agua del Lago de la Vida y lo puso sobre un altar sencillo que había en el medio de la estancia.

-Ya sabes que las Madres sólo tenemos el poder de ver lo presente, por lo que la geomancia sólo desvelará si se está llevando una mala acción ahora. Espero que te sirva de ayuda, mi niña.- dijo mientras cogía un puñado de arena virgen del fondo del Lago. Después de un momento de silencio, lo esparció en el agua del cuenco mientras recitaba por lo bajo fórmulas en lengua Astral. Al cabo de un pequeño instante, las arenas empezaron a recolocarse, tomando la forma de un triángulo invertido con la punta de la parte baja totalmente deformada, sin que las dos líneas llegasen a tocarse.

Brianda miró la forma de las arenas, extrañada. No sabía muy bien por qué, pero esa figura deformada le resultaba familiar. Apresurada, le dio las gracias a su madre y se encaminó a la tercera isla, la de las Ancianas. Debía hablar con la Suma Sabia lo antes posible.
Cuando llegó, las demás mujeres le explicaron que la Suma Sabia estaba en mitad de un culto que duraría todo el día. Brianda no podía quedarse allí, debía volver a su palacio para preparase para el Consejo. Un poco decepcionada, se sentó un momento en las escaleras del edificio. De repente vio acercarse por el puente al sacerdote de Piros, el dios del fuego, acompañado de una comitiva de mujeres vestidas de rojo. Brianda cayó en la cuenta de que dentro de unas semanas sería el día Sagrado de Piros, por eso la Suma Sabia estaría en el culto todo el día: ella y los encargados de la adoración  a Piros estaban preparando la festividad.

Unas horas más tarde, Brianda contemplaba la caída del sol desde la pequeña playa del Lago de la Vida. Mientras llegaba la noche y esperaba a los demás, la sacerdotisa de Maura paseaba con cara de preocupación y repasaba mentalmente lo que le iba a decir al resto del Consejo. El ruido de los caballos la sacó de sus pensamientos: había llegado la Sacerdotisa de Bathia, la divinidad del agua, junto con Maka. Instantes después llegaba la sacerdotisa de Ágape, la diosa del amor y del odio a la vez, el sacerdote de Aeraki, dios del viento, y el de Safes, dios del sol. Todos se reunieron con Brianda en la playa, charlando animadamente mientras esperaban al sacerdote de Piros.

Ebeón llegó con grandes prisas un momento después, con el ceño fruncido y con aspavientos de enfado. Él había sido el único reacio a convocar el Consejo tan precipitadamente, pero Maka había logrado convencerlo. Antes de empezar a debatir el problema, se agarraron todos de las manos, y mirando al cielo recitaron el juramento sagrado en lengua astral. Después, la sacerdotisa de Gaia comenzó a hablar.

-Hermanas y hermanos, un asunto divino es lo que nos ha traído hoy aquí. La Diosa Maura se ha comunicado directamente y en lengua común con Brianda- dijo, mientras los asistentes ponían cara de sorpresa.-Sacerdotisa de la Noche, cuéntale a los demás qué has visto.

-Sacerdotisas y sacerdotes, ya sé que convocar un Consejo por un sueño no es lo habitual, pero Maura me ha dicho que la Elegida está cerca, y me ha ordenado convocar el Consejo para…

-¡Oh, por todos los dioses! ¡Eso no es posible, las Ancianas lo hubiesen vaticinado! Estamos perdiendo el tiempo.- la interrumpió Ebeón.- ¿No sabes distinguir entre un simple sueño y una comunicación?

-Déjame terminar de hablar, sacerdote. Y sí, por supuesto que sé distinguirlos. Que sea joven no implica que no esté igual de preparada que tú para desempeñar este papel. Era una comunicación, estoy segura. Sentí su presencia y su poder. Estaba tan cerca de mí que casi podía rozar su piel de luz plateada. Me habló claro, me dijo que la hija de nuestra madre volvería de nuevo a Damosia en poco tiempo, que debíamos estar prevenidos.

-¿Y cómo es posible que la Suma Sabia no haya visto nada en las aguas? No tiene sentido que en el ritual de la semana pasada no saliera nada. Si la reencarnación de Potnia fuese a nacer dentro de poco, aunque fuese en diez años, lo habría visto- objetó la sacerdotisa del agua.

-Quizás los dioses no quieren que se sepa. Sus decisiones pueden resultar confusas a veces- respondió con calma el sacerdote de Aeraki.

-Tonterías. ¿Por qué los dioses iban a ocultarnos el regreso de Potnia? Es nuestra legítima reina, su regreso sería una alegría.

-Tienes razón, sacerdotisa de Ágape. Además, no hay ningún peligro, Damosia está segura. El regreso de Potnia carece de sentido.- sentenció Ebeón.

Después de horas de discusiones y razonamientos, Brianda no sabía qué más hacer. La sacerdotisa de Gaia era la única que estaba de acuerdo con ella: ambas querían que se diera el aviso a la población, para que en los nacimientos se controlase si el bebé llevaba la marca o no. Además querían que las Ancianas escrutasen los augurios todos los días y que la Suma Sabia consultara el futuro en las ondas del agua al menos una vez cada dos días. No obstante, Ebeón se oponía a todo y deseaba mandar a Brianda otra vez con las Tríadas a que se preparase más a fondo, y nombrar a otra sacerdotisa. La servidora de Bathia opinaba que se debía dejar el asunto en manos de los dioses y esperar a otra nueva visión, mientras que los sacerdotes de Aeraki y de Safes y la sacerdotisa de Ágape opinaban que se debía abrir una investigación en torno al asunto, dejando el tema en manos de las Madres.

Finalmente, a medianoche se decidió que mañana a mediodía irían todos a ver a la Suma Sabia, para que consultase los vaticinios y les ayudara a decidir qué camino tomar. Además, consiguieron que Ebeón entrase en razón, accediendo a abrir una investigación en torno al tema. Las Hijas y las Madres les ayudarían a estudiar los documentos más antiguos y a averiguar si cabía la posibilidad de que no hubiesen visto algún peligro interno. Así pues, quedaron en reunirse mañana en la isla de las Ancianas, y, con cansancio, volvieron todos a sus islas, cada uno a su ritmo.

Brianda se tiró en la cama, agotada. Por una parte estaba contenta de poder haber compartido el asunto con los otros Sacerdotes, ya que parecía que intentarían aclarar el asunto. Por otra, cada centímetro de su cuerpo y cada rincón de su alma le decían que algo no iba bien. Antes de acostarse, y para intentar tranquilizarse, subió al altar de la Noche en la cima del palacio. Cogió la botella de vino tinto y lo vertió en una copa negra mientras invocaba a las estrellas. Después, con el cuchillo ritual se hizo un pequeño corte en el brazo, de manera que la sangre se mezcló con el vino. Al tiempo que vertía la mezcla sobre el altar recitaba las oraciones a la luna y a su diosa Maura. Cuando terminó, se arrodilló delante del altar con las manos en alto, pidiéndole a la diosa que le ayudase a encontrar el camino de la verdad. Un poco más tranquila, recogió todo y se fue a sus aposentos a intentar dormir.

Después de una mañana de rituales varios, la sacerdotisa de Maura se hallaba deambulando por los pasillos de la biblioteca con su hermana Nala. Un presentimiento la había llevado allí antes de acudir a ver a la Suma Sabia. Cuando llegó, su hermana estaba a punto de coger el caballo para ir a la isla de la Noche: había encontrado algo en el archivo que a su hermana podría interesarle.

-Ayer me fui a buscar a los archivos inmediatamente después de hablar contigo. Al principio no encontré nada similar a tu caso, pero después de horas y horas investigando en todos los pasillos, decidí usar un ritual de búsqueda para ver si realmente había algo que pudiese interesarme.- La cara de Brianda brilló con entusiasmo al escuchar esto, y Nala siguió hablando con emoción.- Una copia de una inscripción en piedra, hoy perdida, cayó en mis manos. En el texto se hablaba de que Gaia le había hablado en lengua común a la Cuarta Señora.

-¿En serio? ¡Eso significa que yo tenía razón! Dame la copia, así podré explicarle al sacerdote de Piros que no confundo los sueños con las comunicaciones.-dijo Brianda con una gran sonrisa de felicidad.-Muchas gracias hermana, tu inteligencia es un verdadero don de los dioses.

Apresurada, se dirigió a la isla de las Ancianas. Entró corriendo en el edificio y se dirigió sin esperar a los demás sacerdotes a la gran sala de los sacrificios, en la planta subterránea, donde solía estar la Suma Sabia. Al cruzar la puerta, un escalofrío recorrió su cuerpo, pero debido a su felicidad momentánea no le dio importancia, y prácticamente saltó las escaleras de dos en dos hasta la sala.

-¡Suma Sabia! Tengo algo muy importante que contarle. Debo mostrárselo antes de que lleguen los demás porque…

Se le heló la sangre en las venas cuando vio la escena que se mostraba ante ella. Un charco de sangre fresca cubría macabramente las blancas losas de mármol del suelo. El líquido rojo todavía goteaba desde el altar, donde un cuerpo pálido y sin vida se hallaba retorcido en una horrible posición. Brianda se acercó un poco, todavía incrédula, para ver el rostro del cadáver que allí yacía. Un grito de terror inundó todo el edificio de una forma escalofriante. La sacerdotisa se llevó las manos a la boca mientras las lágrimas empezaron a caer de sus ojos: el rostro de la Suma Sabia se hallaba congelado en una mueca de terror y sorpresa, con sus blancos cabellos alborotados y salpicados de sangre, procedente de su cuello abierto.

En apenas unos instantes, otras Ancianas habían descendido a la sala, y los gritos y sollozos empezaron a resonar por toda la Tríada. La sacerdotisa de Gaia llegó un momento después, con gesto de preocupación y furia. Los miembros del Consejo se reunieron en el exterior. En sus caras se reflejaba el terror de lo que suponía un crimen así, algo que no había pasado jamás en la historia de Damosia.

-Esto ha sido un ataque no sólo a la cultura y a las costumbres de Damosia, sino también a los propios dioses- sentenció Maka con furia.- No entiendo cómo alguien de entre nosotros ha podido hacer esto. Se supone que la educación y las enseñanzas religiosas mantienen a raya los compartimientos amorales.

-No sabemos si ha sido alguien de dentro, sacerdotisa. – dijo Ebeón con voz compungida.- Es posible que hayan abierto un portal de otro mundo y los invasores hayan vuelto…

-No digas tonterías, Ebeón. Si se hubiese abierto un portal, hubiésemos sentido su energía. Está claro que debemos abrir una investigación y sacar al cuerpo de Defensa.- le contestó la sacerdotisa de Bathia.- Pero antes de nada debemos organizar los funerales y los rituales acordados. Después nombraremos a una nueva Suma Sabia.

Todos estuvieron de acuerdo en este asunto, por lo que cada uno se ocupó de preparar los rituales para los funerales de acuerdo con cada dios. Brianda todavía no se lo podía creer, le resultaba muy difícil comprender que un corazón estuviese tan podrido como para asesinar a sangre fría y en un lugar sagrado a la persona que más se preocupaba por el bienestar de Damosia. Ya de por sí un asesinato era algo terrible, pero esto era directamente un sacrilegio. Los funerales duraron siete días, uno por cada dios. A Brianda le tocaba ejecutar el último ritual: después de un día de sacrificios y rezos, se puso el cuerpo de la Suma Sabia en una balsa de madera sobre el Lago de la Vida, y mientras todo el pueblo recitaba una letanía alrededor del Lago, Brianda le prendió fuego a la balsa mediante un conjuro  en el momento en el que la balsa llegó al centro del lago.

Después de todos los rituales, la sacerdotisa de Maura estaba agotada, triste y furiosa, todo a la vez. Dudaba de sus poderes, de su capacidad y hasta de su propia conexión con la diosa. Todo el mundo consideraba que su sueño había sido un mal augurio. Unos le echaban la culpa de esto a errores cometidos en los rezos; otros hablaban de conjuraciones; y había incluso quien opinaba que Brianda había sido la autora del crimen. Al acabar la noche, se retiró al palacio a rezar y orar, a intentar aclarar sus ideas y calmar su alma. Al día siguiente se elegiría a la nueva Suma Sabia y empezaría a cabo una minuciosa investigación a todos los habitantes de Damosia. Ella misma la llevaría a cabo junto con Maka y el cuerpo de Defensa. Mientras preparaba las cosas para llevar a cabo una oración a Maura y a Gaia, un ruido la sobresaltó. Parecían pasos, pasos de alguien que llevaba prisa, pasos de un culpable quizás.

-¿Hola? Seas quien seas, muéstrate. He dado orden de que nadie me molestara. Sal de las sombras, he dicho. Incumplir las órdenes de una sacerdotisa atenta contra las leyes de Potnia.-dijo Brianda con un cierto temblor en la voz. Había dado orden de que nadie subiese allí, y únicamente otro sacerdote podría desobedecer su mandato.

-Deja de meterte en los asuntos que no te incumben, niña.-dijo una voz áspera desde las sombras.-No todos somos como tú, algunos actuamos.- La joven sintió un escalofrío por todo su cuerpo, y cansada ya de tanto jueguecito, convocó a la luz de la luna para que iluminara las sombras: el rostro de la figura que allí se encontraba le era de sobra conocido, pero además, el destello de luz le mostró algo que no esperaba…

-¡Tú! ¿Has sido tú verdad? La forma de las arenas… ¡Es tu marca! ¿Cómo te atreves? ¿Cómo has podido traicionar de esta manera tan horrible a tu pueblo? ¡Has perdido el juicio! Recibirás tu merecido castigo, de eso puedes estar seguro. ¿Pero cómo has podido perder el contacto con tus dioses de esta manera?

-Muchos estamos hartos de que todo siga igual. Es hora de que alguien capacitado tome el trono de este mundo…

-¡Jamás! No lo conseguirás. La Elegida está cerca y tú lo sabes, por mucho que nadie quiera creerme. Ahora mismo me voy a avisar a Maka. Recibirás tu castigo de inmediato.

-Puede que reciba mi castigo, o puede que no. De todas formas, tú no vivirás para verlo, mi querida sacerdotisa de la Noche

Los primeros rayos de sol iluminaban la terraza del palacio de la Noche. Unos ojos vacíos y sin vida contemplaban el precioso amanecer. El cuerpo de la joven sacerdotisa de Maura yacía inerte encima del altar ritual. No había sangre, pero eso no hacía que la escena que se encontró la sacerdotisa de Gaia no fuese tremendamente horrible. Ahora sí que estaba claro que la maldad empezaba a calar en lo más hondo de Damosia, y sólo los dioses y la propia Elegida podrían ayudarles a encontrar el camino de vuelta al Bien.


En ese mismo instante, ajeno a todo el horror que acababa de golpear otra vez Damosia, un llanto de un recién nacido rasgaba el silencio de los primeros albores de la mañana. La reencarnación de Potnia había llegado, pero nadie lo sabía todavía.

Blog del proyecto: Reivindicando Blogger

Relato anterior: Catón de Elder

Relato siguiente: Is the Crazy Writter 

lunes, 25 de agosto de 2014

La Isla de Gaia: Proyecto Neminis Terra

Hola a todos y a todas!

Esta entrada se la quiero dedicar a un nuevo proyecto que muchos miembros de la comunidad Blogger nos estamos empeñando en llevar adelante...

No hace mucho, mi querida Emily me metió en este mundillo, que no ha dejado de sorprenderme, como premio por haber participado en uno de los concursos que ella organizaba en su precioso y maravilloso blog. Una vez que exploré un poco esta comunidad, me di cuenta de que hay muchos blogs realmente buenos que están ignorados o apartados, e incluso menospreciados. El proyecto Neminis Terra pretende precisamente reivindicar estos blogs, para que la buena escritura no sea ignorada, y también para dar a conocer otros blogs pequeños o que acaban de empezar (como es mi caso). En resumen, reinvindicar los orígenes de la comunidad blogger y ayudar a que la calidad sea apreciada.

El proyecto consiste en que todos y cada uno de los participante cree un mundo propio, un espacio único, y con él una historia fantástica, para que todos formemos después un Universo común, por decirlo de alguna manera. Es por esta razón por la que el proyecto se ha denominado "Neminis Terra", es decir, Tierra de Nadie. 

Todos estamos trabajando mucho para tener todo listo para el primero de Septiembre, que será cuando se empiecen a publicar los relatos. Yo, por mi parte, estoy inmersa en la escritura de mi relato, titulado "La Isla de Gaia", que espero que os guste y que no quede muy mal comparado con la gran calidad del resto de los participantes en el proyecto.

Una mención especial para todos mis compañeros, aunque casi me explote el móvil por sus cientos de mensajes al día en el grupo del whats'app, y también a los que están trabajando duramente para darle publicidad al proyecto y dejando el espacio "Reivindicando a Blogger" de lo más bonito. Muchas gracias por haberme invitado a participar en esta preciosa iniciativa que espero (y lo creo) logre todos los propósitos deseados.

¡VIVA NEMINIS TERRA!

sábado, 16 de agosto de 2014

Tenebrae.

Se tivera que resumir nunha palabra os tropezos do camiño na miña vida sería "Decepción".
Sí, Decepción. Unha detrás de outra. E no fondo sei que a culpa é miña, porque hai algo que non está ben en min, algo que asusta, algo roto. 

Cada vez que o meu corazón sinte o calor doutra presencia, cada vez que me ilusiono porque o entendemento ca outra parte chega a ser perfecto, aparece a Nada.
De súpeto, sen avisar, todo cae ao meu redor. Dun día para outro, a outra parte esfúmase pensando que os danos non existen, que as feridas son meras ilusións.

E quedo ante o Universo como unha simple iñorante.
E, ante o Universo, afúndome sen remedio nas profundas e oscuras tebras desa outra parte de min.

jueves, 24 de julio de 2014

Recomendación especial.

Quero adicarlle esta entrada a dúas persoas moi importantes para min. Esta obra que eiquí vos presento a todos e a todas contén as dúas partes da miña alma: por unha parte a música barroca, esa á que lle teño un cariño tan grande, por tocar o instrumento que toco; por outra, a tematoloxía clásica, e unha das liñas mitolóxicas que máis me gustan.

Sei que as miñas queridas Broken Rose e a súa compañeira de viaxe Otoño saberán apreciar este guiño á infinitude de momentos que pasamos xuntas, e que esta obra contén en sí mesma. Tamén sei que gostarán da delicadeza, da pureza, dos versos e dos sentimentos desgarradores desta obra.

Así pois, para a ledicia das nosas mentes e, en especial, para o deleite das miñas amadas amigas, vai unha de Henry Purcell, da súa ópera "Dido and Eneas": Dido's Lament.




Bajo la cúpula de las dormidas hojas.

Bajo la cúpula de las dormidas hojas,
sus níveos pies rozan la suave alfombra del bosque.
Bailan con el viento sus plateados cabellos,
como peces con el agua,
como aves en el cielo.

Que no pare el danzar de la divina luna,
que no cese el poder de su blanca luz.
 

miércoles, 23 de julio de 2014

Recomendacións musicais. Música barroca 1

Eiquí vos deixo unhas pezas que últimamente están moi presentes na miña vida. A primeira inspiroume a historia "Nulla vita sine musica". Magnífica peza, e difícil como ela soa (digo esto porque levo xa tempo estudiándoa). O segundo enlace contén 3 pezas, que en realidade son para agrupación de cámara, pero que tamén se interpretan con clave solo. Son outra marabilla dun dos meus autores preferidos. Deste conxunto, eu estou preparando "La Livri", unha peza preciosa e exquisita. 

Espero que o disrutedes!!!

martes, 22 de julio de 2014

Nulla vita sine Musica.

Talía caminaba sin rumbo aparente por su ciudad, intentando despejar su mente. Sin saber muy bien cómo, había ido a parar, sin darse cuenta, al casco viejo de la urbe. Dejándose llevar por su instinto, se dirigió sin pensarlo hasta una de las puertas de la catedral. El edificio, de estilo románico pero con toques de barroco por reformas posteriores, se alzaba imponente bajo el sol abrasador de verano. Talía se adentró en el interior, atraída por una melodía que alguien estaba ensayando en el órgano de la catedral. Al cruzar la puerta sintió un agradable frescor, comparado con el asfixiante ambiente del exterior. La muchacha se sentó en un banco, y se dejó llevar por el delicioso sonido.

Apenas dos minutos después reconoció la obra que el desconocido interpretaba: era una toccata del gran J. S. Bach, concretamente la BWV 913 en Re menor, una de sus tonalidades preferidas. No se podía creer que justo hoy y precisamente en el mismo momento en el que ella se acercaba a la catedral alguien estuviese tocando una de las obras que más le gustaba. Pensativa, se dejó llevar por aquella magnífica interpretación, mientras tarareaba algunos compases de memoria. Una gran sonrisa iluminó su rostro, y sus ojos verdes se cerraron para disfrutar aún más de esa grata sensación, esa sensación de entender aquello que sonaba, de sentirlo hasta límites insospechados.

Cuando cesó la música, Talía quiso conocer al intérprete, y con algo de vergüenza pero con mucha curiosidad, subió la escalinata interior que llevaba hasta el órgano. Al llegar a la parte de arriba entreabrió la puerta que daba al instrumento, viendo a un joven de ojos verdes y porte de organista que recogía sus partituras. El chico debía tener más o menos su misma edad, y a Talía le sorprendía precisamente su juventud para tocar aquella obra tan complicada de interpretar. Nerviosa, pisó sin quererlo un tablón levantado y queriendo liberar su pie del agujero, cayó estrepitosamente al otro lado de la puerta...

Una voz que tenía timbre de tenor y que sonaba algo impresionada se dirigió a ella.
-¿Estás bien?
-Sí, sí. No te preocupes. Perdona por interrumpirte, yo sólo estaba...-empezó a decir Talía muerta de vergüenza, pero se quedó sin palabras en cuanto se encontró con aquellos ojos profundos mirándola fijamente.
-Si venías a estudiar en el órgano ya te puedes quedar, yo he terminado por hoy
-No, no. Yo venía a conocerte a ti...Quiero decir, que estaba escuchando abajo la toccata y quería saber quién estaba tocando. 
-Sabes que es una toccata, eres músico entonces- Dijo el extraño con una amplia sonrisa-. O también puedes ser una friki de Bach, pero creo que todos los que lo somos, somos organistas o clavecinistas.
-Pues si, en mi caso es porque soy clavecinista. Me llamo Talía, por cierto. Me ha encantado tu interpretación.- dijo ella ya con total confianza. 

El organista la miró con curiosidad y, mientras acababa de recoger sus cosas, dijo- Yo me llamo Daniel y no sabes lo encantado que estoy de conocer a una clavecinista. ¡Sois difíciles de encontrar! Mañana voy a volver a venir a tocar, por si quieres pasarte-. Después de esto se despidió con un gesto de la mano y salió por la otra puerta.

Talía se quedó sonriendo mientras miraba cómo el misterioso organista salía por una de las puertas de la catedral. Después, volvió con calma hasta su casa, pensando con cierto nerviosismo en cómo iba a ser el encuentro de mañana.



martes, 15 de julio de 2014

Eversa.

Lágrimas. Gritos. Histeria. Tristeza. Ira. Enfado. Desolación. 

Ahora sé que todo va a recaer sobre mí, y no sé si estoy preparada. Estoy al borde al abismo, pero espero no caer en él. No puedo y no debo.

Cabeza alta y mirada al frente. 

Si no son capaces de solucionar esto, lo voy a hacer yo, con mis métodos. Será doloroso, pero es mejor la medicina amarga que la dulce falsedad de esta realidad. 
Que conste que no lo hago por ellos, sino por mí misma, porque si no acabaré por volverme loca, loca de verdad.
"Si quieres que algo salga bien, hazlo tú misma".


miércoles, 2 de julio de 2014

Purificación.

 Jueves, 21 de Junio, solsticio de Verano.

Día caluroso, como es propio de la época. 

De repente, una tormenta. Dejo de prestarle atención a todo lo que me rodea, y me concentro en el cielo. Oscuras nubes negras empiezan a llegar, raudas, a causa del fuerte viento. El aire se hace cada vez más fuerte, moviendo los árboles que tengo en frente de mi vista, como si fueran frágiles hojas de papel. Abro la ventana de mi terraza y respiro profundamente: huele a azufre, a tormenta, a la furia de nuestra Madre, a la Diosa Primigenia. 

Una gota fría de agua me moja la mano. En menos de cinco minutos todo el suelo se empapa con agua pura. No puedo resistir la llamada de mi Madre y corro hacia la puerta. Sonrío ante los prodigios del mundo, y sin pensar, me quito el vestido negro que ciñe mi cuerpo. También me despojo del collar y de las sandalias, y me suelto mis rizos negros en honor a la Diosa. 

Abro la puerta y pongo los pies en el cálido suelo de baldosas, que se va enfriando poco a poco. La lluvia empapa mi pelo, y las gotas puras caen sobre mi espalda. Alzo el rostro al cielo y me río. Cierro los ojos y abro los brazos, para recibir ese pequeño regalo. La lluvia resbala por mi blanca piel, purificándome. El agua se lleva todos los males de mi cuerpo y de mi alma.

Giro y bailo, porque aquello me produce una gran felicidad. Mi corazón goza también de la tormenta, que me llena de energía y de vida.

Es probable que, si me viese alguien, pensase que estoy loca. Yo creo que los locos son ellos, por no querer abrazar la purificación de uno de los días más mágicos del año.

domingo, 15 de junio de 2014

Ferocidades.

Había algo en ella que me resultaba terriblemente atractivo...
No era su rostro. Tampoco las curvas de su cuerpo. Ni sus ojos color esmeralda, ni su melena negra como el ala de un cuervo. No.
Era su mirada, aguda y penetrante. Esa manera que tenía de mirarme fijamente a los ojos, como si quiera ver mis más profundos pensamientos.
Eran sus gestos, sencillos pero sensuales. La manera que tenía de mover sus manos, de cruzar las piernas, de recogerse el pelo.
Era su voz. 
Dios, su voz. Su preciosa y sensual voz. Esa voz que salía de sus carnosos y encarnados labios. 
Su voz, dulce melodía de mi corazón, tenía algo que no era de este mundo.

Y mis instintos no me fallaban. Ella no era de este mundo.

sábado, 7 de junio de 2014

Lembranzas.

Ás veces lembro as túas mans sobre a miña pel, e penso en todo o que sentín. Esa sensación no peito que facía que me costase respirar ao mirarte aos ollos. Aquel benestar que me producía collerte da man e sentir que todo iría ben, que nada podería ferirme mentres ti estabas comigo.

Despois de tanto tempo sigo pensando en ti. Por qué? Porque fuches a única persoa deste mundo que foi capaz de tocar a miña alma, a única que fixo que fora eu mesma por un tempo.

E agora? Agora sinto e á vez non sinto nada. Por moito que me esforce non logro sentir por ninguén o que sentín por ti. Podo encapricharme, podo querer, pero nunca amar.

A capa de xeo que cubriu o meu corazón cando te fuches aínda está ahí, esperando a que alguén logre derretila dunha vez por todas, agardando a que curen a mña ferida con bicos cheos de amor verdadeiro. Será eso posible? 

Din que o tempo todo o cura, pero a verdade é que a ferida que me deixaches quedará marcada en min para o resto da miña vida.

domingo, 1 de junio de 2014

Pluvia.

Hoy me he puesto a llorar sin motivo aparente...

Muchas personas piensan que llorar es de débiles, de individuos que no tienen la suficiente fuerza para seguir adelante, de gente que se derrumba a la mínima.

Yo opino que llorar es la forma que tiene el cuerpo de ahogar las penas del alma. Llorar no es algo malo, sólo es un alivio, un descanso, una pausa. Llorar es dejar que tus sentimientos fluyan sin miedo, libres: la alegría, la pena, la rabia, el enfado corren por las mejillas sin que nada pueda deternerlos.
Para mí llorar significa sentir, significa liberarse de todo eso que una persona lleva dentro.

No nos engañemos, llorar no es de débiles. Débil es aquella persona que se rinde a la primera, que no llora, se guarda todo dentro y no se libera, de manera que los sentimientos lo consumen poco a poco, hasta que perece con ellos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

A Emily.

As túas verbas son o doce mel que me axuda a tragar a amarga mediciña da vida.
As túas verbas son os lazos que me axudan a saír do pozo no que me afundo sen vontade propia.
As túas verbas fan que a miña alma renazca das súas cinzas cada vez que é consumida polo lume do infortunio.

Ti, e só ti, es quen de facerme ver as cousas da vida, axudándome a borrar con risas alegres os golpes das afiadas pedras deste camiño que, espero, podamos seguir percorrendo xuntas.

Por ti e por min, grazas.